UnderstandingPrejudice.org: La psicología del prejuicio

La hipótesis del contacto

Una de las técnicas más estudiadas para reducir los prejuicios es el contacto intergrupal (Hewstone & Brown, 1986). En The Nature of Prejudice (La naturaleza del prejuicio), Gordon Allport (1954, p. 281) planteó la hipótesis de que:

El prejuicio (a menos que esté profundamente arraigado en la estructura del carácter del individuo) puede reducirse mediante el contacto de igual condición entre los grupos mayoritarios y minoritarios en la búsqueda de objetivos comunes. El efecto es mucho mayor si este contacto está sancionado por apoyos institucionales (es decir, por la ley, la costumbre o el ambiente local), y siempre que sea de un tipo que lleve a la percepción de intereses comunes y humanidad común entre los miembros de los dos grupos.

Esta afirmación, ahora ampliamente conocida como la «hipótesis del contacto», ha recibido un amplio apoyo en la investigación. En una revisión de 203 estudios de 25 países -con 90.000 participantes- Thomas Pettigrew y Linda Tropp (2000) descubrieron que el 94% de los estudios apoyaban la hipótesis del contacto (es decir, el 94% de las veces, los prejuicios disminuían a medida que aumentaba el contacto intergrupal).
Con este nivel de apoyo, ¿por qué el contacto intergrupal no ha eliminado los prejuicios de la sociedad? El problema de utilizar el contacto para reducir los prejuicios no es que la hipótesis del contacto sea errónea, sino que es muy difícil cumplir las condiciones que Allport expuso. En muchos entornos del mundo real, el fuego del prejuicio está alimentado por el conflicto y la competencia entre grupos con un estatus desigual, como los israelíes y los palestinos, los blancos y los negros, o los ciudadanos de toda la vida y los inmigrantes recientes (Esses, 1998; Levine & Campbell, 1972). En condiciones de competencia y desigualdad de estatus, el contacto puede incluso aumentar los prejuicios en lugar de disminuirlos. Por ejemplo, en una revisión de los estudios realizados durante y después de la desegregación escolar en EE.UU, Walter Stephan (1986) descubrió que el 46% de los estudios informaban de un aumento de los prejuicios entre los estudiantes blancos, el 17% informaban de una disminución de los prejuicios y el resto no informaban de ningún cambio.
La clave es crear situaciones que conduzcan a interacciones cooperativas e interdependientes en la búsqueda de objetivos comunes, haciendo que las personas cambien de categoría y pasen de ser «nosotros y ellos» a «nosotros» (Desforges et al., 1991; Dovidio & Gaertner, 1999; Sherif, Harvey, White, Hood, & Sherif, 1988). La investigación en el aula ha encontrado que las técnicas de aprendizaje cooperativo aumentan la autoestima, la moral y la empatía de los estudiantes a través de las divisiones raciales y étnicas, y también mejoran el rendimiento académico de los estudiantes de las minorías sin comprometer el rendimiento de los estudiantes del grupo mayoritario (Aronson & Bridgeman, 1979). Una de las primeras técnicas estudiadas, el «aula rompecabezas», divide a los alumnos en pequeños grupos de trabajo racialmente diversos, en los que cada alumno recibe una pieza vital de información sobre el tema asignado (haciendo así que cada miembro del grupo sea indispensable para los demás). La técnica del rompecabezas se desarrolló originalmente para reducir los prejuicios raciales, y décadas de investigación sugieren que es muy eficaz para promover el contacto interracial positivo (Aronson & Patnoe, 1997).

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